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martes, 14 de octubre de 2014

Qué bien nos vendría un Secretario General


Editorial Res Publica de noviembre de 2014
 
            El otro día tuvimos la oportunidad de visionar el video de “La voz de Gabilondo” titulado: “Que bien nos vendría un Presidente del Gobierno[1]. Nosotros aún añadiríamos: “Y un Ministro del Interior y un Secretario General y …”. ¿Es una percepción de estos redactores o en la Secretaría General hay más eco que en el Valle de Arán? ¿Qué función tiene una Secretaría General que ignora a los profesionales, internos y familiares?, es decir: el alma mater de la institución. O es que sólo persigue el silencio de los corderos. Le proponemos una cosa al Sr. Yuste, quédese en su casa. Total, ¿qué más da?

¿Alguien se ha preguntado cual es la política penitenciaria del Sr. Yuste? ¿cuál es su percepción de la repercusión social de las medidas privativas de libertad?, ¿cómo piensa que se debería progresar en el fin último de esas medidas?, ¿cómo hay que mejorar la convivencia y la formación de los internos?, ¿cuál es el plan de formación, aparte de cursillos de Word, a los profesionales?, ¿Qué protocolos de seguridad, activa y pasiva, existen para el control de incidencias posibles en la vida penitenciaria?. En resumidas ¿cuál es el criterio penitenciario?. Desde luego, según la memoria de actividades que ha realizado, no existe.

Dedicarse a silenciar los centros, burocratizar la institución, controlar el gasto, contratar servicios de mantenimiento, utilizar lo que hay y si se puede ir amortizándolo, es función de un administrador de fincas, no de un político. Es la función de un edecán que deja languidecer la nave en el Mar de los Sargazos de la falta de inversiones, de retos, de progreso, de iniciativa, mientras mantiene un geriátrico con los sillones mullidos para la decadencia profesional de los alineados  con el Partido Popular.

¿Cuál es el criterio, y el impacto en su programa, ante la privatización de la vigilancia exterior, o ante la Ley 15/2014 de “racionalización” del sector público y otras medidas de reforma administrativa”, porque convoca a hurtadillas la Mesa General de Negociación, que piensa del proyecto de presupuestos para el 2015, que pasa con el Ébola y la incertidumbre que provoca?

¿Cual es el programa? ¿Alguien sabe de otro caso en el que se presente una memoria de actividades sin que previamente haya existido un programa estructurado mejor o peor cumplido? No le vamos a quitar al Sr. Yuste el honor de ser el primero.

Sí, ¡qué bien nos vendría tener un Secretario General!



[1] http://ep00.epimg.net/politica/videos/2014/10/13/videos/1413184005_107358_1413184116.mp4

Dignidad, la lucha sindical


Editorial Res Publica de septiembre de 2014
 
Ha pasado el verano, por lo menos el climatológico. Se aproximan, poquito a poco, las elecciones autonómicas y poquito a poco el Gobierno Estatal y Autonómico, nos pone la zanahoria delante de los ojos que al principio de la legislatura nos había quitado de la boca.

La lucha sindical, la lucha por nuestros derechos, tiene como fin indiscutible la estabilidad social, y dentro de ella, el progreso; por ello no podemos estar al pairo de los periodos electorales, de sus falaces promesas o de los distintos ajustes políticos. Nuestra lucha ha de ser independiente, diaria, constante. Somos hombres y mujeres de bien y, como tales, tenemos que batallar en una lucha de intereses contrapuestos. Unos intereses vitales por que lo son para nuestras familias, para nuestra estabilidad social, para nuestro propio progreso como seres humanos.

Una autentica guerra, sin paliativos, independientemente de su menor grado de mortalidad (pues haberla la hay), contiene toda la carga de crueldad, encarnizamiento y dolor que pueda tener cualquier otra. No podemos perder esta guerra, porque en esta no se trata de defender un gobierno nacional por otro extranjero, no se trata de un cambio de bandera, se trata de nosotros como personas, de nuestra naturaleza como seres humanos, de nuestra familia como núcleo principal, de nuestra sociedad como seres libres. Es una lucha vital, no territorial, no política, no de reyezuelos.

Nos debemos plantear si debemos luchar por ser hombres y mujeres libres. No sólo de calificativo, sino por tener las herramientas necesarias y suficientes para nuestro autogobierno personal basado en la igualdad de derechos y de oportunidades y la coherente corresponsabilidad de los derechos y deberes del resto de la comunidad.

Hoy en día, agraviados, ofendidos, zaheridos, con los recortes sociales, políticos, cívicos, económicos; arrastrados a la exclusión social, abandonados a una política sanitaria, social y educativa mendicante; solamente nos queda demostrar que podemos invertir el flujo social y, de una vez por todas, que ese flujo fluya de abajo a arriba y no de arriba abajo; que fluya de los cuantitativamente superiores a los inferiores, de los que llevan nuestra comunidad estatal sobre sus espaldas, a los que van encima de ellas confortablemente instalados. Demostrarles que creemos en la iniciativa y en el progreso económico individual, sí, pero no en los privilegios, ni en el vasallaje, ni en la injusticia.

Igualdad, Justicia y Dignidad. ¿Podrían ser los argumentos de tu naturaleza como ser humano?. Si es así, compañero y compañera, lucha por ella porque nadie te lo va regalar.

Vigilantes privados = Okupación


Editorial de la revista Res Publica de octubre de 2014
 
Compañeros y compañeras, os preguntaréis por qué hemos roto nuestro ciclo de publicaciones; por qué, cuando apenas ha hecho un mes, ya estamos transmitiéndoos un mensaje contestatario, uno más, a la actuación del Gobierno. Qué seriedad es la de aquellos que diciéndose revista bimensual, alteran la periodicidad o publican la revista cuando les viene en gana sin orden ni concierto.

Pues no es así, compañeras y compañeros. Nos vemos impelidos a redoblar nuestros demandas contra un Gobierno humillador, expoliador, difamador, de los Servicios Públicos. Un Gobierno que, aparte de sustraer nuestro sueldo, aparte de sustraer nuestros días libres, aparte de hacer cada vez más precarias nuestras condiciones de trabajo, dan los últimos pasos para la definitiva amortización de nuestros puestos de trabajo.

Hoy el funcionario de prisiones ingenuo, ve indiferente como se introduce en nuestro organigrama funcional un colectivo que, en un futuro, sustituirá a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado (CFSE). Esa indiferencia, le lleva a suponer que no es su problema, que él nada tiene que ver en un asunto que involucra directamente a un colectivo determinado. Pero lo cierto es que ese colectivo actúa con idénticas prerrogativas que el nuestro propio, salvo las conferidas sobre el tratamiento reinsertador de las conductas delictivas, que muchos entre nuestros compañeros y la inmensa mayoría de la administración liberal y conservadora, ponen en entredicho, y que la administración penitenciaria no apoya con la debida formación específica. ¿Es entonces, la inclusión de la vigilancia privada, un problema de los CFSE?

El ciudadano, y en este colectivo estamos nosotros, ya no obvia el saqueo del Servicio Público por parte del Gobierno. Ve, como la ecuanimidad, la labor de servicio, la imparcialidad, se ve sustituida por el clientelismo y el lucro individual. Repetimos: ¿Es entonces un problema de los CFSE?

La prisión de Málaga sigue sin abrirse, todos los funcionarios del Cuerpo, sospechamos del pretendido destino de este centro y todos vemos con preocupación ese destino que planea sobre nuestras cabezas cual Espada de Damocles. Insistimos: ¿Es entonces un problema de los CFSE?

Una parte de nuestro colectivo, ve delante de sus ojos el fin de una etapa laboral llena de insatisfacción, de falta de incentivación, de falta de apoyo; y piensa que ya no le queda perspectiva laboral para que esos problemas le atañan. Pero no por dejar de ser funcionario, va a dejar de ser ciudadano, va a dejar de entender que sólo desde una acción no mercantilista va a ser tratado por los sanitarios, los educadores, los servicios sociales, por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, y, por supuesto, por el colectivo penitenciario, con la intencionalidad del servicio, no del rédito mercantil. Terminamos: ¿Es entonces un problema de los CFSE?

Desde UGT Prisiones creemos que no. No podemos seguir teniendo una actitud conciliadora con gobiernos que día a día nos quitan nuestra riqueza pública, nuestra naturaleza laboral y nuestro derecho al progreso como trabajadores y personas, para que se enriquezca y para continuar en el poder en base a estas política. Ya no sólo es que nos quiten nuestro sueldo para dárselo a los bancos, ya no es que nos quiten nuestro patrimonio para dárselo a los arzobispados, es que ahora nos quitan nuestras funciones y, mañana, nos quitarán nuestros puestos de trabajo.

Viene muy a cuento recordar a Martin Niemoller, pastor alemán que fue encarcelado desde 1937 a 1945 por el gobierno de Hitler:

· "Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.

· Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.

· Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.

· Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.

· Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada".

 

lunes, 25 de agosto de 2014

Guerra sindical


Ha pasado el verano, por lo menos el climatológico. Se aproximan, poquito a poco, las elecciones autonómicas y poquito a poco el Gobierno Estatal y Autonómico, nos pone la zanahoria delante de los ojos que al principio de la legislatura nos había quitado de la boca. ¿Somos los burros por los que ellos nos toman? A esta pregunta hay que contestarla; cada uno, como pueda.

La lucha sindical, la lucha por nuestros derechos tienen por fin indiscutible la estabilidad social, y dentro de ella, el progreso; por ello no podemos estar al pairo de los periodos electorales, de sus falaces promesas o de los distintos ajustes políticos. Nuestra lucha ha de ser independiente, diaria, constante. Somos hombres y mujeres de bien y, como tales, tenemos que batallar en una guerra de intereses contrapuestos. Unos intereses vitales por que lo son para nuestras familias, para nuestra estabilidad social, para nuestro propio progreso como seres humanos.

Una autentica guerra, sin paliativos, independientemente de su menor grado de mortalidad (pues haberla la hay), contiene toda la carga de crueldad, encarnizamiento y dolor que pueda tener cualquier otra. No podemos perder esta guerra, porque en esta no se trata de defender un gobierno nacional por otro extranjero, no se trata de un cambio de bandera, se trata de nosotros como personas, de nuestra naturaleza como seres humanos, de nuestra familia como núcleo principal, de nuestra sociedad como seres libres. Es una lucha vital, no territorial, no política, no de reyezuelos.

Nos debemos plantear si debemos luchar por ser hombres y mujeres libres. No sólo de calificativo, sino por tener las herramientas necesarias y suficientes para nuestro autogobierno personal basada en la igualdad de derechos y de oportunidades y la coherente corresponsabilidad de los derechos y deberes del resto de la comunidad.

Hoy en día, agraviados, ofendidos, zaheridos, con los recortes sociales, políticos, cívicos, económicos; arrastrados a la exclusión social, abandonados a una política sanitaria, asistencial y educativa mendigante; solamente nos queda demostrar que podemos invertir el flujo social y, de una vez por todas, que ese flujo fluya de abajo a arriba y no de arriba abajo; que fluya de los cuantitativamente superiores a los inferiores, de los que llevan nuestra comunidad estatal sobre sus espaldas, a los que van encima de ellas confortablemente instalados. Demostrarles que creemos en la iniciativa y en el progreso económico individual, sí, pero no en los privilegios, ni en el avasallamiento, ni en la injusticia.

Igualdad, Justicia y Dignidad. ¿Podrían ser el argumento de tu naturaleza como ser humano?. Si es así, compañero y compañera, lucha por el porque nadie te lo va regalar.

miércoles, 9 de julio de 2014

Agresión sindical


Vivimos unos momentos socialmente convulsos. Convulsos porque una parte minoritaria de la sociedad, aquella que detenta el poder sobre la mayoría, posee unas herramientas, legítimamente adquiridas pero ilegítimamente utilizadas, para anteponer sus intereses en la sociedad que todos formamos. Convulsos, al fin, porque, como si de un principio físico se tratase, toda acción por parte de ese sector, requiere de una reacción por parte del otro, del nuestro.

La patronal, privada o pública, y su herramienta política, el Partido Popular, tejen, sin ningún escrúpulo, una sociedad insolidaria, agresiva, competitiva e injusta, basada en la fuerza, en el poder, en la capacidad para ningunear, si no doblegar, al otro.

La agresión personal que estamos sufriendo los trabajadores públicos durante el totalitarismo del Partido Popular es el síntoma de un proceso de saqueo de los derechos de esos trabajadores y de su honorabilidad ante la ciudadanía. Acción que requiere de la reacción necesaria para contrapesarla.

Hoy en día, hemos dejado de ser trabajadores públicos al uso para convertirnos en garantes del sector público que el gobierno liberal quiere arrebatar, no ya a sus trabajadores, sino a toda la ciudadanía (y sí, volvemos a hablar de hospitales, de escuelas, de servicios sociales, de un largo etcétera y, desde luego, de centros penitenciarios).

El Partido Popular se ha puesto frente a los trabajadores y debemos de elegir entre esperar agazapados en nuestros cubículos sus agresiones u oponernos frontalmente a ellos. Y hay que hacerlo ¡ya!, porque una vez que nos han sometido, ahora quieren destruir la única herramienta que es capaz de hacerles frente, el sindicalismo.

Han denostado al sindicalismo como nos denostaron a los trabajadores públicos hace un par de años. Lo hacen desde sus voceros mediáticos, desde sus políticos más radicales y desde sus seguidores emboscados dentro del colectivo. ¡Y ha calado en toda la sociedad!. Pero también, y desde el otro frente, cala en la sociedad la necesidad de cambio y de regeneración.  Esa sociedad conoce que nuestra única defensa laboral está en el sindicalismo porque no hay otra cosa. Un sindicalismo que ha cometido muchos errores, incluso felonías, y al que hoy se le exige que el mismo también se regenere, para resurgir de sus cenizas, purgarse y luchar, luchar y luchar por los funcionarios y por los ciudadanos, por lo público y por lo privado.

El sindicato UGT es un sindicato de clase formado por trabajadoras y trabajadores, no tiene que ser un “aparato”, ni una empresa de seguros, ni un servicio. UGT, eres tú, sólo tú y tus ideas progresistas, y tus ideas sociales, y tus ideas humanitarias. ¡Adelante, da ese paso, lucha!.

Salud compañer@s


Sí, por qué no saludar así. ¿Por qué no decir lo que realmente somos y sentimos?. ¿Por qué perdernos en amb i g ü e d a d es p o l í t i c ame n t e correctas?. Somos un sindicato de clase y en este panfletillo que ahora ponemos en tus manos queremos transmitiros quienes somos, lo que hacemos y por qué lo hacemos.

Esta es la razón de ser de este trabajo que hoy empezamos.

Lo empezamos un grupo de compañeros desde un centro penitenciario, hábitat natural del funcionario de prisiones, con los recursos más garantistas: trabajo, voluntad e ideología, nada más, nada menos. Por tanto, no podemos presentaros maravillosas revistas a todo color en papel de primera calidad.

Ni tenemos dinero ni queremos el de promotores adinerados y emboscados.

Y el por qué lo hacemos debería de estar ya claro. Todos sabéis lo que nosotros somos, no lo ocultamos tras unas siglas inocuas, y estamos orgullosos de serlo. Por eso queremos compartirlo. Es así de sencillito, está así de clarito.

Sí queréis participar, si queréis conocernos, si queréis aproximaros a nosotros, tenéis el correo electrónico; si no romped el panfleto mientras os expresáis libremente. Por nuestra parte, para unos y para otros: ¡Salud, compañer@s!