domingo, 16 de octubre de 2016

El Forestal

               


 Me gustaría decir que es un paseo maravilloso, me gustaría decir que es un cobijo reparador, que me llenaría de felicidad, de sosiego. Me gustaría decir que por sus senderos vivo horas sumido en reflexiones, imaginando cuentos para mis nietos o charlando en preciada compañía. Pero no. Otra vez estoy aquí como quien visita a un amigo enfermo del que intuyes un final largo y trágico.
                A los pies de un pequeño castillo pulcramente cuidado, y separado de él por un pinar, quisiera haberme adentrado en el Forestal de Villaviciosa de Odón, como se hubiera adentrado un niño en una juguetería: con ánimo de aventurero, con ilusión infantil, sabiendo que la visita no iba a ser baldía. Que distinto a la visita caritativa que se hace al amigo en el lecho del dolor.
                He venido al Paseo de los Alcornoques. Una parte del hábitat que pudiera ser mi preferida si no existiesen otras de cumplida estampa, y si no se me desgarrase el alma en mi negativo peritaje. He venido huyendo del calor del estío madrileño, buscando la parada que ordenadamente me permita la valoración crítica. Ahora mis sentidos están atentos al entorno, como el médico atiende al metrónomo humano con su frío estetoscopio.
                Es el sustantivo paseo burlesca calidad de lo que nuestra imaginación pudiera sugerir. Camino, eso sí, de tierra prensada abandonado al tiempo y a los temporales que aventura farragosos paseos invernales. Flanqueado a la izquierda por taludes inestables que mueren en profunda cuneta que no lo es tanto al ser vertedero de restos botánicos, piedras o canalizaciones de obra civil que hacen difícil su función. Por el margen derecho me alerta la escarpada ladera de diversa e incongruente constitución arbórea, que viene a morir en el Arroyo de la Madre del que toma patrón y referencia en su sinuoso trazado.
                Es el Arroyo de la Madre arteria vital del Forestal, pues gracias a él trasportan las distintas especies los nutrientes necesarios para su vida. Por ello me paró en su análisis, aunque no vea sino el canal arenoso por el que hace casi cuatro décadas corría agua abundante y en el que ahora fructifican especies que fundan su existencia en filtrados cloacales.
                Levanto la vista y me fijo en los árboles que ya dije flanqueaban el camino. La mayoría de ellos están tocados de una muerte que aflora en sus ápices y ramas más altas, semejantes, en su forma, a sombrillas sin tela que dan una nota fantasmal al camino; otros muestran sus heridas de color marrón en la punta de las hojas incompatibles con el verdor de su clorofila; otros son víctimas de la hiedra asesina que poco a poco les fagocitará; todos calzan sus raíces de un mar de gramíneas, posibles cómplices de despreocupados ignorantes o malvados pirómanos.
                De sus copas, otra hora altavoces de mil melodías, apenas si llega el martilleo de un pico pica pinos, certificando, en su afán alimenticio, la muerte del árbol. Un poco más allá quizás oiga algún mirlo o algún gorrión que viniera huyendo del calor; quizás también vea el paso ágil de la andarina lavandera. Más allá, en el Senderillo de los Conejos, pudiera ser que alertara los pasos inocentes de esos animalillos inocentes.  Pero todo ello no será sino casual, efímero.
Al fondo, donde el sinuoso camino reaparece de su interrumpida perspectiva, veo un puente estudiadamente ornamental, improcedente de un ámbito medioambiental natural, maltratado por el tiempo, los vándalos y la dejación de las autoridades que recibieron la responsabilidad de su cuidado. Su naturaleza de madera, muestra las cicatrices palmarias de una sociedad que vive a espaldas a ese trocito de mundo que podría indicar cual es el lugar de los humanos en su entorno, pero que por vanidad, por soberbia y por egoísmo pretendemos desautorizar y reinventar.  

Qué pena que esta escuela de vida vaya a sustituirse, tarde o temprano, por un mausoleo.

viernes, 7 de octubre de 2016

La charca


La humedad me calaba hasta los huesos, y en ellos encontraba cobijo el frío. No me importó, me encontraba donde quería estar: ante un mundo mágico, mi mundo mágico. Allí, todo lo que hacía un momento me rodeaba, era baladí: mi trabajo, mis miedos, mis prejuicios, mis reflexiones, mi activismo... Todo se desvanecía en los tonos cálidos, velados por la lluvia, de aquella charca viva en su propia putrefacción. Entre aquel follaje decadente que, aun así, me invitaba a tumbarme, a esconderme de todo aquello que me obsesionaba: entre aquellas ramas de árboles semejantes a descarnadas falanges de fantasmas complacientes que me brindaban protección, frente aquellas aguas grises, fiel espejo de un cielo sereno, dominante, donante de gotas que acariciaban mi cara y mis manos. No muy lejos de algún sitio ignoto donde el graznido del cuervo me hablaba de liberarme de todo aquello que me atribulaba, que me consumía.

¡Quién pudiera volver allí!. Pero no. Alguien quiso hacer una carretera, o una gasolinera, o una urbanización elitista; ¡vaya usted a saber!. Y yo nunca pude volver a aquella charca y tuve que buscar otros escondites, otros fantasmas complacientes, otras caricias, otro amigo que me hablase de libertad. Buscar otro lugar decadente que albergara mi propia decadencia.

lunes, 27 de julio de 2015

Hasta las pelotas


Hasta las pelotas.

Hasta las pelotas de malos rollos, hasta las pelotas de gentuza que quieren medrar a costa de los demás, hasta las pelotas de puñaladas por la espalda, hasta las pelotas de mentiras, subterfugios, envidias, deslealtades, vanidades, complejos, trastornos de la personalidad; hasta las pelotas.

Hasta las pelotas de gente sin vida que pretenden su patética existencia pisando al que creen por delante, hasta las pelotas del fuego amigo, del fuego canalla, del fuego cainista. De amistades truncadas, amistades egoístas, amistades rentabilizadas y, finalmente, amistades humilladas y desatendidas; hasta las pelotas.

Hasta las pelotas de proyectos en la papelera enterrados en  rivalidad, hasta las pelotas de ineficacia por “yo me pongo tú te quitas, yo me quedo a toda costa”, hasta las pelotas de los destructores en lugar de los constructores, hasta las pelotas del yo soy más listo que tú; hasta las pelotas.

Hasta las pelotas del desánimo en la lucha por tus ideales, la caballeresca de saber quien es tu rival, el porque estás en donde estas y quien está enfrente, en tu dignidad y honorabilidad en el enfrentamiento limpio y verdadero; hasta las pelotas

Paso a paso, poco a poco, llegará el día en el que me decida definitivamente a dejar de llamar a mucha gente, compañeros; por que algo sí he aprendido: que no lo son.

viernes, 17 de julio de 2015

La niña llorando y la Unión Europea


¿Cuándo se ha producido el cisma entre el ciudadano y el político profesional?

 

Hoy leo, y veo, en El País un artículo sobre una niña libanesa que le dice a Merkel que quiere ser feliz, que quiere un futuro, un futuro que imagina dentro de una estructura profesional. Podría seguir especulando sobre ese entorno pero mejor eso os lo dejo a vosotros; quizás os imaginéis un entorno de libertad, de seguridad, de respeto. Sí, quizás el breve video “capado” por la siniestra mano de la censura, omitió esos detalles.

Merkel, hablando en plata, le dice que se joda, que coño, que hay mucho palestino muerto de hambre por el mundo y que ella no puede solucionar el problema de todos.

 

Demagogia sería haberla dicho que sí puede. Demagogia sería decirle que no se preocupe  que está todo planificado ya. Demagogia sería decirle que no importa donde haya nacido, que madre la haya parido o qué coño han hecho para hacer de su lugar de nacimiento una puta mierda. Ella es una niña, una niña que sueña y sonríe a sus sueños, que es sensible a lo que ve a su alrededor, y se le iluminan los ojos, que cree que puede vivir lo que adivina, y no cabe en sí de gozo. Ella es una niña.

 

¿Cuándo el político profesional dejo de ser sensible a una niña, a un anciano, a un parado, a un enfermo? ¿En que momento todo eso no fue más que una cifra en un presupuesto, en una conveniencia, en una variable de la ecuación? ¿En que momento se calificó todo eso de demagogia? ¿En que momento el político profesional se olvido de una niña llorando?

jueves, 16 de julio de 2015

Malos tiempos para los ciudadanos


Desde mi punto de vista vivimos un momento políticamente incorrecto en nuestro entorno institucional supuestamente garante de la vida gratificante de los ciudadanos.

Poderes legislativo, ejecutivo y judicial; Europa, España, comunidad autónoma, municipio; todo me parece inmerso en un fracaso político cuyas consecuencias van a modular nuestra futura vida.

Qué puedo decir de una Europa sumida en verdaderas batallas deshonestas, capaz de amputar uno de sus brazos por la defensa de unos valores económicos determinados y una hegemonía nacionalista; qué de una España cuyos poderes constitucionales no son creíbles por la ciudadanía, en la que un gobierno corrupto y una oposición que tiene que estar callada porque enseguida la tapan la boca, disponen con estrategias mafiosas su secularización política; qué de unas comunidades autónomas insolidarias con el resto de administraciones del mismo nivel y con sus propios ciudadanos cuyo referentes ideológicos los separan más y más de los intereses de la ciudadanía; y, por último, qué de unos municipios que basan sus estrategias políticas, no en el beneficio de sus vecinos, sino en personalismos impropios de su elección como lo son las querellas personales, el afán de protagonismo, o la radicalización del mensaje. ¿Qué clase política tenemos?

Parece que nos hemos acostumbrado muy pronto a las mayorías absolutas, y oposiciones resignadas, y nos hemos olvidado de la negociación para el beneficio público, del poder que tiene el convencer con respecto al vencer (Unamuno), de que la armonía pública se basa en la armonía política y que no es lo mismo tener una institución honorable que una verdulería de iracundas vendedoras (que no se ofenda nadie por el tópico) que quieren vender sus lechugas pretendiendo disimular su incompetencia con sus exabruptos.

Malos tiempos para los ciudadanos.

jueves, 16 de octubre de 2014

El Partido Popular y la mujer

Empieza a ser desagradablemente típica la forma en la que el Partido Popular (PP) humilla las mujeres. Son bochornosas las actitudes que cargos muy relevantes del PP están teniendo.
Hoy, en la prensa, podemos ver como el concejal de Hortaleza (Madrid), destituye a una “alto cargo” por tener un hijo, alegando que “Necesito el máximo rendimiento y número de horas de trabajo”. Y yo me pregunto: ¿es esta la campaña de igualdad de la mujer en el ideario liberal?, ¿es esta la concepción de sociedad que queremos? Aquella que por encima de la persona, hombres o mujeres, prima la eficacia en lugar de la humanidad, prima la eficiencia por encima de la igualdad.
La dignidad de las personas, al menos para un socialista, se basa en su capacidad para identificarse con el resto de los seres humanos. Se identifican estos individuos del PP con el resto de la sociedad, con sus problemas cotidianos, con su vida familiar, con su derecho al progreso independientemente de su función productiva, con el cuidado y educación de las nuevas generaciones; ¿es esta la protección a la familia que falazmente vocean. ¿Hasta dónde piensa llegar el materialismo liberal bajo su inequívoco lema “tanto produces, tanto vales”? 

martes, 14 de octubre de 2014

Qué bien nos vendría un Secretario General


Editorial Res Publica de noviembre de 2014
 
            El otro día tuvimos la oportunidad de visionar el video de “La voz de Gabilondo” titulado: “Que bien nos vendría un Presidente del Gobierno[1]. Nosotros aún añadiríamos: “Y un Ministro del Interior y un Secretario General y …”. ¿Es una percepción de estos redactores o en la Secretaría General hay más eco que en el Valle de Arán? ¿Qué función tiene una Secretaría General que ignora a los profesionales, internos y familiares?, es decir: el alma mater de la institución. O es que sólo persigue el silencio de los corderos. Le proponemos una cosa al Sr. Yuste, quédese en su casa. Total, ¿qué más da?

¿Alguien se ha preguntado cual es la política penitenciaria del Sr. Yuste? ¿cuál es su percepción de la repercusión social de las medidas privativas de libertad?, ¿cómo piensa que se debería progresar en el fin último de esas medidas?, ¿cómo hay que mejorar la convivencia y la formación de los internos?, ¿cuál es el plan de formación, aparte de cursillos de Word, a los profesionales?, ¿Qué protocolos de seguridad, activa y pasiva, existen para el control de incidencias posibles en la vida penitenciaria?. En resumidas ¿cuál es el criterio penitenciario?. Desde luego, según la memoria de actividades que ha realizado, no existe.

Dedicarse a silenciar los centros, burocratizar la institución, controlar el gasto, contratar servicios de mantenimiento, utilizar lo que hay y si se puede ir amortizándolo, es función de un administrador de fincas, no de un político. Es la función de un edecán que deja languidecer la nave en el Mar de los Sargazos de la falta de inversiones, de retos, de progreso, de iniciativa, mientras mantiene un geriátrico con los sillones mullidos para la decadencia profesional de los alineados  con el Partido Popular.

¿Cuál es el criterio, y el impacto en su programa, ante la privatización de la vigilancia exterior, o ante la Ley 15/2014 de “racionalización” del sector público y otras medidas de reforma administrativa”, porque convoca a hurtadillas la Mesa General de Negociación, que piensa del proyecto de presupuestos para el 2015, que pasa con el Ébola y la incertidumbre que provoca?

¿Cual es el programa? ¿Alguien sabe de otro caso en el que se presente una memoria de actividades sin que previamente haya existido un programa estructurado mejor o peor cumplido? No le vamos a quitar al Sr. Yuste el honor de ser el primero.

Sí, ¡qué bien nos vendría tener un Secretario General!



[1] http://ep00.epimg.net/politica/videos/2014/10/13/videos/1413184005_107358_1413184116.mp4

Dignidad, la lucha sindical


Editorial Res Publica de septiembre de 2014
 
Ha pasado el verano, por lo menos el climatológico. Se aproximan, poquito a poco, las elecciones autonómicas y poquito a poco el Gobierno Estatal y Autonómico, nos pone la zanahoria delante de los ojos que al principio de la legislatura nos había quitado de la boca.

La lucha sindical, la lucha por nuestros derechos, tiene como fin indiscutible la estabilidad social, y dentro de ella, el progreso; por ello no podemos estar al pairo de los periodos electorales, de sus falaces promesas o de los distintos ajustes políticos. Nuestra lucha ha de ser independiente, diaria, constante. Somos hombres y mujeres de bien y, como tales, tenemos que batallar en una lucha de intereses contrapuestos. Unos intereses vitales por que lo son para nuestras familias, para nuestra estabilidad social, para nuestro propio progreso como seres humanos.

Una autentica guerra, sin paliativos, independientemente de su menor grado de mortalidad (pues haberla la hay), contiene toda la carga de crueldad, encarnizamiento y dolor que pueda tener cualquier otra. No podemos perder esta guerra, porque en esta no se trata de defender un gobierno nacional por otro extranjero, no se trata de un cambio de bandera, se trata de nosotros como personas, de nuestra naturaleza como seres humanos, de nuestra familia como núcleo principal, de nuestra sociedad como seres libres. Es una lucha vital, no territorial, no política, no de reyezuelos.

Nos debemos plantear si debemos luchar por ser hombres y mujeres libres. No sólo de calificativo, sino por tener las herramientas necesarias y suficientes para nuestro autogobierno personal basado en la igualdad de derechos y de oportunidades y la coherente corresponsabilidad de los derechos y deberes del resto de la comunidad.

Hoy en día, agraviados, ofendidos, zaheridos, con los recortes sociales, políticos, cívicos, económicos; arrastrados a la exclusión social, abandonados a una política sanitaria, social y educativa mendicante; solamente nos queda demostrar que podemos invertir el flujo social y, de una vez por todas, que ese flujo fluya de abajo a arriba y no de arriba abajo; que fluya de los cuantitativamente superiores a los inferiores, de los que llevan nuestra comunidad estatal sobre sus espaldas, a los que van encima de ellas confortablemente instalados. Demostrarles que creemos en la iniciativa y en el progreso económico individual, sí, pero no en los privilegios, ni en el vasallaje, ni en la injusticia.

Igualdad, Justicia y Dignidad. ¿Podrían ser los argumentos de tu naturaleza como ser humano?. Si es así, compañero y compañera, lucha por ella porque nadie te lo va regalar.

Vigilantes privados = Okupación


Editorial de la revista Res Publica de octubre de 2014
 
Compañeros y compañeras, os preguntaréis por qué hemos roto nuestro ciclo de publicaciones; por qué, cuando apenas ha hecho un mes, ya estamos transmitiéndoos un mensaje contestatario, uno más, a la actuación del Gobierno. Qué seriedad es la de aquellos que diciéndose revista bimensual, alteran la periodicidad o publican la revista cuando les viene en gana sin orden ni concierto.

Pues no es así, compañeras y compañeros. Nos vemos impelidos a redoblar nuestros demandas contra un Gobierno humillador, expoliador, difamador, de los Servicios Públicos. Un Gobierno que, aparte de sustraer nuestro sueldo, aparte de sustraer nuestros días libres, aparte de hacer cada vez más precarias nuestras condiciones de trabajo, dan los últimos pasos para la definitiva amortización de nuestros puestos de trabajo.

Hoy el funcionario de prisiones ingenuo, ve indiferente como se introduce en nuestro organigrama funcional un colectivo que, en un futuro, sustituirá a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado (CFSE). Esa indiferencia, le lleva a suponer que no es su problema, que él nada tiene que ver en un asunto que involucra directamente a un colectivo determinado. Pero lo cierto es que ese colectivo actúa con idénticas prerrogativas que el nuestro propio, salvo las conferidas sobre el tratamiento reinsertador de las conductas delictivas, que muchos entre nuestros compañeros y la inmensa mayoría de la administración liberal y conservadora, ponen en entredicho, y que la administración penitenciaria no apoya con la debida formación específica. ¿Es entonces, la inclusión de la vigilancia privada, un problema de los CFSE?

El ciudadano, y en este colectivo estamos nosotros, ya no obvia el saqueo del Servicio Público por parte del Gobierno. Ve, como la ecuanimidad, la labor de servicio, la imparcialidad, se ve sustituida por el clientelismo y el lucro individual. Repetimos: ¿Es entonces un problema de los CFSE?

La prisión de Málaga sigue sin abrirse, todos los funcionarios del Cuerpo, sospechamos del pretendido destino de este centro y todos vemos con preocupación ese destino que planea sobre nuestras cabezas cual Espada de Damocles. Insistimos: ¿Es entonces un problema de los CFSE?

Una parte de nuestro colectivo, ve delante de sus ojos el fin de una etapa laboral llena de insatisfacción, de falta de incentivación, de falta de apoyo; y piensa que ya no le queda perspectiva laboral para que esos problemas le atañan. Pero no por dejar de ser funcionario, va a dejar de ser ciudadano, va a dejar de entender que sólo desde una acción no mercantilista va a ser tratado por los sanitarios, los educadores, los servicios sociales, por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, y, por supuesto, por el colectivo penitenciario, con la intencionalidad del servicio, no del rédito mercantil. Terminamos: ¿Es entonces un problema de los CFSE?

Desde UGT Prisiones creemos que no. No podemos seguir teniendo una actitud conciliadora con gobiernos que día a día nos quitan nuestra riqueza pública, nuestra naturaleza laboral y nuestro derecho al progreso como trabajadores y personas, para que se enriquezca y para continuar en el poder en base a estas política. Ya no sólo es que nos quiten nuestro sueldo para dárselo a los bancos, ya no es que nos quiten nuestro patrimonio para dárselo a los arzobispados, es que ahora nos quitan nuestras funciones y, mañana, nos quitarán nuestros puestos de trabajo.

Viene muy a cuento recordar a Martin Niemoller, pastor alemán que fue encarcelado desde 1937 a 1945 por el gobierno de Hitler:

· "Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.

· Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.

· Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.

· Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.

· Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada".

 

viernes, 12 de septiembre de 2014

La Diada


Primero, cómo no, pedirle al Sr.Pérez Gonzáles (Peridis) permiso para utilizar su caricatura publicada en el periódico “El País” el 12 de septiembre de 2014. Una caricatura que, como todas sus creaciones, requiere de la atención artística que se merece, y no de la desinteresada mirada de aquellos que sólo ven en el arte un adorno dependiente del mejor o peor gusto del observador.

Ayer fue la Diada. La conmemoración del nacionalismo catalán. Mi repulsa visceral a todo nacionalismo, más o menos nuclearizado, no impide observar con admiración el éxito de una manifestación mayoritaria que revindica la independencia de una región del Estado Español; ni mi estupor al observar el odio que tienen los nacionalistas, sean los que sean, a su propia nación.

Para evitar ambigüedades diré que tan nacionalista es el español, como el catalán, como cualesquiera otros que se arrogan la capacidad de todo hijo de madre que fue a lanzar su primer llanto en un determinado lugar, y por ende, que no por otra cosa, deben pleitesía al gobierno de turno que en ese territorio asienta sus reales.

Lector de Unamuno y conocedor de su concepto de intrahistoria, entiendo que es ese el concepto de nación. No el del entorno encerrado por la espada de un señor, el lápiz de un tirano, o la opresión de un administrador. ¿Es la misma intrahistoria la de un catalán que la de un andaluz?, ¿es la misma la de un gallego que la de un valenciano?. Apuremos un poco más, ¿es la misma intrahistoria la de un barcelonés urbano que la de un vallense rural?. Abundando ¿se parece más la intrahistoria de un portbuense a un gaditano que a la de un ciudadano de Peyrestortes?

Liberarnos de la esclavitud territorial, es el primer escalón de la escalera que nos lleva a la libertad ante los gobernadores. El mundo globalizado no debe ser el de las transacciones mercantilistas, el mundo globalizado es el de la libertad de sus moradores para unirse en comunidades libres, formadas en torno a su intrahistoria y su proyecto futuro personal, sirviéndose de unas formas de administración desterritorializadas y mancomunadas, que, a su vez, pacten o se alíen con otras para formar supramancomunidades en tantos niveles como sean necesarios. ¿Es esto lo que pretenden los independentistas?, me parece que no, por tanto he aquí mi enfrentamiento con ellos. Pero ojo, el mismo enfrentamiento tengo con el Estado Español.

La “Libertad” es una palabra tan ambigua que la ha verbalizado desde Hitler, Franco y Musoline, hasta Pablo Iglesias, Durruti y Allende. Empezar a concretar lo que es la libertad, es empezar a concretar la dignidad del ser humano.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Golpe a golpe, verso a verso

Y nos creíamos que la lucha de clases había sido superada. ¡Ja!

La política es una diosa juguetona, o un zorrón como la copa de un pino que en definitiva viene a ser lo mismo. Deja al ser humano regocijarse en las miserias programáticas, se sonríe viéndole actuar en su presunción, en su soberbia, en su egolatría; le ve orgulloso, arrogante, vanidoso y cuando se cansa le da una patada en el culo devolviéndole a lo más profundo del fango mal oliente de su estulticia.

¡Sí, estoy deprimido, que pasa!

Al final todo es muy sencillo. La política no es la idealización del razonamiento social, incluso solidario, sino la metodología de una lucha entre diversos grupos sociales. ¡Por favor, que se dejen de cuentos! Los fascistas se preocupan de que su grupo heterogéneo imponga su voluntad sobre la sociedad; los conservadores pretenden hacer valer sus derechos generacionales y su segregación positiva hacia una parte de la sociedad; los liberales pretenden una sociedad con marcadas diferencias individuales en función de su cuota de poder, de sus actitudes (sí, con ce), de su agresividad, y de su falta de solidaridad. Hasta aquí el Partido Popular. Los socialistas e Izquierda Unida, defienden los intereses de la clase medía, revistiendo su presunta honorabilidad, con opciones, más o menos drásticas, hacia la clase más desfavorecida según una u otra sensibilidad política. Hablar de nacionalistas, es hablar de otro grupo y así sucesivamente con esos partidos generalistas con obvia falta de ideología, de sentido político, sobredosis de tecnocracia y falta de humanidad.

Hoy en España se está destruyendo, no digo que no sea cíclico, la clase media gracias a las políticas del Partido Popular, imbuido de arrogancia y agresividad en la defensa de “su” sector social. Se propicia así la fractura social con la clase más desfavorecida, que se alimenta, cada vez en una mayor inmigración, de la clase media. En este momento aparece el, vaya usted a saber qué, digamos formación, “Podemos” que pretende apoyar este sector, trabajando el desánimo y la lógica reacción del sector a su desesperación, pretendiendo implementar la radical lucha, “guerra”, de clases. Una nueva imagen para una antiquísima estrategia.

Siempre ha perdurado en mi prurito existencial aquel poema de Machado:

Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.

El Partido Socialista (PSOE) e Izquierda Unida (IU) pasan, al menos momentáneamente. No porque haya ganado el Partido Popular, más quisieran ellos; no por los errores de los gobiernos socialistas ni por la errática, y propagandista, actitud contestataria al PSOE de IU, sino porque ha perdido la clase media, nuestra clase. Provisionalmente, sí, pero sine díe, también.

¡Pero bueno!, de este escrito a tomarme un lexatin (¡que coño pijerias: un porro!), queda poco, así que añadiendo algo de la cosecha de Serrat, yo seguiré golpe a golpe, verso a verso.

martes, 2 de septiembre de 2014

Mis libros


Somnoliento, abstraído en elucubraciones imaginativas, voy en el autobús junto a otros a los que no les llamaré compañeros, o si lo hago sólo lo son de traslado, que sin quererlo, ni ellos ni yo, me acompañan. Muchos se dejan llevar, ajenos a los que les rodea, leyendo en esos cacharritos electrónicos, en los que se reproduce un texto albergado en un archivo informático, que siendo cadena de ceros y unos, se tornan palabras como si de una máquina criptográfica se tratara. Lo llaman ebook, la mayoría sin saber lo que significa ni la “e” ni el “book” y otros, quizás los que en algo respetan el idioma con el que nacieron, “libro electrónico”.

Los hay, lectores hablo, que son capaces de desalojar toda su biblioteca porque, según les parece, es suficiente librería la que se halla en Internet, ellos la llaman “nube”, y cuando quieren, “bajan”, al aparatejo en cuestión, el archivo codificado que luego se trasformará en un presunto libro. También merecen mención los que retóricamente preguntan: “¿Es que no pone lo mismo, el libro de papel que el electrónico?

Todos ellos, o la mayoría, no son de menguada inteligencia o nula sensibilidad, que parece que la crítica lleva implícito el descrédito, y jamás pecaría de tamaña presunción, pues la opinión por ser contraria no ha de dejar de ser respetada.

El caso es que yo me eduqué a leer pertrechado de lápiz y diccionario, que ya es demasiada carga para llevarla de equipaje en el autobús, aunque, en este caso, si veo cumplido Internet para consulta al diccionario de nuestra Real Academia.  En los márgenes del libro apunto palabras ignoradas, señalo citas o apunto reflexiones. Así lo hicieron antes que yo mi padre y el padre de mi padre, siendo, per se, herramienta vehicular con mis antecesores estas notas y reflexiones, pues aún cuando a mi abuelo no conocí y a mi padre poco, sí los reconozco en estas notas y en los títulos que ellos, antes que yo, leyeron. Y así espero que mi hijo, hija o ambos, lo hagan, y lo repitan sus hijos, y así sucesivamente, estableciéndose una cadena superior a la del recuerdo óptico o sentimental, estableciéndose así, algo parecido a la inmortalidad.

No sólo eso. Un libro es un recuerdo que se prende en la historia personal del lector. Esa tarde de lectura en el banco de un parque en la que metió una hoja de roble, que por ser pequeñas son las más preciadas, o un trébol, o una humilde margarita. El pañuelo de bolsillo de una adolescente que, dentro de la adolescencia masculina, brillaba especialmente; el billete de metro de una capital de un país extranjero, o ese poema que la madre dejó prendido entre los de Bécquer. 

A mí me gustan los libros viejos porque cuentan una historia escrita y otra, u otras, intangibles. Hace tiempo, por ejemplo, me regalaron un libro de cuentos decimonónico en francés, menciono el idioma no por presunción, sino por lo que me costó leerlo. Ya digo que leí algunos de los cuentos pero, mientras lo hacía, mi imaginación vagaba por un escenario diferente, el de un dormitorio con olor espeso donde una niña, recostada en su lecho, enfermiza, pálida, tosía casi constantemente ante la angustia de su padre ya mayor, lector amoroso e incondicional de su bien más preciado que ocultaba sus lágrimas tras el libro como oculta quedaba la lluvia parisina tras las cortinas de la buhardilla en un suburvio de París. Y esa historia que surgió en mi imaginación era tan hermosa como las que estaba leyendo. Aquel volumen de naturaleza que mi abuelo conservaba, tesoro de algún naturista que, en su momento, vagó por campos y mares, aquellos volúmenes de la conquista del Polo Norte, mis historietas de Tintín que me habrieron el mundo de la imaginación; y otros más que, ahora, no vienen a cuento o que, viniendo, alargarían en exceso el relato.

Ya sé que todo es efímero, todo pasa, todo muere, nada es inviolable y nada es eterno ¿Por qué habría de serlo? Ya sé que el día a día nos mueve por viales vertiginosos, poco compatibles con sensiblerías empíricas, y que la imaginación no es rival para la competitividad de esta sociedad. Necesitamos progresar porque en el progreso está nuestro desarrollo. Pero a mí, en el rincón sombrío de mi modesta personalidad, sólo me queda ser un poco tahúr y guardarme un as en la manga: mis libros.

lunes, 25 de agosto de 2014

Guerra sindical


Ha pasado el verano, por lo menos el climatológico. Se aproximan, poquito a poco, las elecciones autonómicas y poquito a poco el Gobierno Estatal y Autonómico, nos pone la zanahoria delante de los ojos que al principio de la legislatura nos había quitado de la boca. ¿Somos los burros por los que ellos nos toman? A esta pregunta hay que contestarla; cada uno, como pueda.

La lucha sindical, la lucha por nuestros derechos tienen por fin indiscutible la estabilidad social, y dentro de ella, el progreso; por ello no podemos estar al pairo de los periodos electorales, de sus falaces promesas o de los distintos ajustes políticos. Nuestra lucha ha de ser independiente, diaria, constante. Somos hombres y mujeres de bien y, como tales, tenemos que batallar en una guerra de intereses contrapuestos. Unos intereses vitales por que lo son para nuestras familias, para nuestra estabilidad social, para nuestro propio progreso como seres humanos.

Una autentica guerra, sin paliativos, independientemente de su menor grado de mortalidad (pues haberla la hay), contiene toda la carga de crueldad, encarnizamiento y dolor que pueda tener cualquier otra. No podemos perder esta guerra, porque en esta no se trata de defender un gobierno nacional por otro extranjero, no se trata de un cambio de bandera, se trata de nosotros como personas, de nuestra naturaleza como seres humanos, de nuestra familia como núcleo principal, de nuestra sociedad como seres libres. Es una lucha vital, no territorial, no política, no de reyezuelos.

Nos debemos plantear si debemos luchar por ser hombres y mujeres libres. No sólo de calificativo, sino por tener las herramientas necesarias y suficientes para nuestro autogobierno personal basada en la igualdad de derechos y de oportunidades y la coherente corresponsabilidad de los derechos y deberes del resto de la comunidad.

Hoy en día, agraviados, ofendidos, zaheridos, con los recortes sociales, políticos, cívicos, económicos; arrastrados a la exclusión social, abandonados a una política sanitaria, asistencial y educativa mendigante; solamente nos queda demostrar que podemos invertir el flujo social y, de una vez por todas, que ese flujo fluya de abajo a arriba y no de arriba abajo; que fluya de los cuantitativamente superiores a los inferiores, de los que llevan nuestra comunidad estatal sobre sus espaldas, a los que van encima de ellas confortablemente instalados. Demostrarles que creemos en la iniciativa y en el progreso económico individual, sí, pero no en los privilegios, ni en el avasallamiento, ni en la injusticia.

Igualdad, Justicia y Dignidad. ¿Podrían ser el argumento de tu naturaleza como ser humano?. Si es así, compañero y compañera, lucha por el porque nadie te lo va regalar.

martes, 15 de julio de 2014

Aires nuevos para un viejo sueño: socialismo


Pasadas las elecciones a Secretario General del Partido Socialista Obrero Español de 13 de julio de 2014, las primeras en la historia del partido que los militantes eligieron por sufragio universal a su Secretario General, los socialistas volvemos a tener esperanzas en liberar a la política, en general, de las viejas mañas que la han polucionado. No sé en que se basan esas esperanzas, porque por muy buenas palabras que ahora se nos digan, no podemos olvidar que la mayoría de las veces sólo han sido cantos de sirena que nos atraían, contentados ya, a las mismas malas mañas.

            Sin embargo, esta vez nos encontramos con una diferencia, y es que la sociedad ha obligado a nuestro partido a cambiar, a reaccionar ante el clamor de los ciudadanos, y los militantes, que somos parte de esa ciudadanía, hemos canalizado hacia nuestra estructura política, al llamado aparato, ese clamor. Y eso tiene una lectura. Una única lectura: nuestro partido vuelve a construirse desde abajo hacia arriba.

            Hemos empezado por la cota más alta de la estructura política, pero ahí no nos podemos quedar porque podríamos volver a escuchar el canto de esas sirenas capaces de devorar nuestro partido. Debemos de trasladar ese empuje a cada una de nuestras agrupaciones. En los pueblos y en las ciudades, los militantes deben abandonar su pasividad, su segundo plano y ocupar su lugar principal, un lugar de  interrelación de su agrupación, con sus compañeros, con la Comisión Ejecutiva. Una Comisión Ejecutiva diseñada como base de expectativas, iniciativas, compromiso, crítica y salvaguardia de los militantes con las políticas federales o regionales. Una Comisión Ejecutiva capaz de motivar a los militantes, formarlos, unirlos y no estigmatizarlos en función de su empatía con los distintos grupos de trabajo o secretarios generales; Una Comisión Ejecutiva que, en definitiva, haga sobresaliente lo que es sobresaliente e ilusionante lo que es ilusionante: el socialismo español.

lunes, 14 de julio de 2014

Elecciones delegados al congreso PSM 2014


El diccionario de la Real Academia de la Lengua, define como “soterrar”, “esconder o guardar algo de forma que no aparezca”, luego, de improviso, siempre aparece, ¡siempre!. Ya sé que la palabra “emboscado” nada tiene que ver con la anterior, pues su definición es “poner encubierta una partida de gente para una operación militar” y “entrarse u ocultarse entre el ramaje”, pero he aquí que hoy no dejo de darle vueltas a su posible homología.

            A mí, me pareció perturbador que, en las elecciones de ayer, 13 de julio de 2014, para elegir delegados en el próximo congreso del PSM, apareciera una lista alternativa a la única que, hasta el último momento, se había presentado. No por el hecho de que se presentara, ojala se hubieran presentado por lo menos seis, sino por el hecho, en sí, de que por una parte y por otra, no hubiese habido el suficiente diálogo para conocer, primero la existencia de esas sensibilidades alternativas y, segundo, para dársela a conocer al resto de militantes y que su elección fuese realmente posible con un mínimo de reflexión. De ello, yo, como miembro de la comisión ejecutiva debo autoinculparme de este criticable hecho en la parte que a los “organizadores” nos corresponde, eso sí minimizada por la puesta en nuestro conocimiento in extremis. Estoy convencido de que, de esta disfunción todos somos conscientes y a partir de este momento, con el aporte de la imprescindible información previa por la otra parte, no se repetirá más.

            Pero siguiendo escarbando en el asunto, por aquello de “inquirir curiosamente lo que está algo encubierto y oculto, hasta averiguarlo” me preocupa la cuestión de por qué no se da a conocer, por aquellos que tuvieron la iniciativa, sin ambigüedad y con la deseable anticipación, las razones de esa alternativa, máxime cuando hubo una pregunta directa a uno de los miembros de la citada lista, que hice yo mismo, y se contestó con un “alguna diferencia habrá cuando existe”. Poco ejercicio de trasparencia, que tanto se invocó por el aludido durante buena parte de la jornada, cuando ella la circunscribe a esa frase.

            Todo militante sabe, a poco que conozca el funcionamiento de su partido, quienes y cómo se promueve la lista de delegados propuesta por la Comisión Ejecutiva, en ella se designó, en una de las reunión periódicas, como representantes al Secretario General y a la Secretaria de Organización, ¿es obvio, no?, por su naturaleza, es la representación oficial. Poco se puede explicar de esa designación no ideológica sino de representatividad, pero ¿quién o quienes fueron los promotores de la segunda lista?, ¿en que reunión, cuya realización no se publicitó, se planificó esa lista?, ¿Cuáles son las motivaciones de esa disidencia que difiere de una simple representación orgánica?

            ¡Qué aburrida es la política!. Está claro que nos pasamos la vida viajando. Lo malo es que siempre hacemos el mismo trayecto, el de Málaga a Malagón; ¿será porque implementamos las mismas soluciones a problemas viejos?, ¿será por una sempiterna lucha cainita por el liderazgo?.

Tan necesario es solucionar los problemas del pueblo, que en ello trabaja el Grupo, como los problemas de la Agrupación y eso es cosa de la Comisión Ejecutiva.

miércoles, 9 de julio de 2014

Agresión sindical


Vivimos unos momentos socialmente convulsos. Convulsos porque una parte minoritaria de la sociedad, aquella que detenta el poder sobre la mayoría, posee unas herramientas, legítimamente adquiridas pero ilegítimamente utilizadas, para anteponer sus intereses en la sociedad que todos formamos. Convulsos, al fin, porque, como si de un principio físico se tratase, toda acción por parte de ese sector, requiere de una reacción por parte del otro, del nuestro.

La patronal, privada o pública, y su herramienta política, el Partido Popular, tejen, sin ningún escrúpulo, una sociedad insolidaria, agresiva, competitiva e injusta, basada en la fuerza, en el poder, en la capacidad para ningunear, si no doblegar, al otro.

La agresión personal que estamos sufriendo los trabajadores públicos durante el totalitarismo del Partido Popular es el síntoma de un proceso de saqueo de los derechos de esos trabajadores y de su honorabilidad ante la ciudadanía. Acción que requiere de la reacción necesaria para contrapesarla.

Hoy en día, hemos dejado de ser trabajadores públicos al uso para convertirnos en garantes del sector público que el gobierno liberal quiere arrebatar, no ya a sus trabajadores, sino a toda la ciudadanía (y sí, volvemos a hablar de hospitales, de escuelas, de servicios sociales, de un largo etcétera y, desde luego, de centros penitenciarios).

El Partido Popular se ha puesto frente a los trabajadores y debemos de elegir entre esperar agazapados en nuestros cubículos sus agresiones u oponernos frontalmente a ellos. Y hay que hacerlo ¡ya!, porque una vez que nos han sometido, ahora quieren destruir la única herramienta que es capaz de hacerles frente, el sindicalismo.

Han denostado al sindicalismo como nos denostaron a los trabajadores públicos hace un par de años. Lo hacen desde sus voceros mediáticos, desde sus políticos más radicales y desde sus seguidores emboscados dentro del colectivo. ¡Y ha calado en toda la sociedad!. Pero también, y desde el otro frente, cala en la sociedad la necesidad de cambio y de regeneración.  Esa sociedad conoce que nuestra única defensa laboral está en el sindicalismo porque no hay otra cosa. Un sindicalismo que ha cometido muchos errores, incluso felonías, y al que hoy se le exige que el mismo también se regenere, para resurgir de sus cenizas, purgarse y luchar, luchar y luchar por los funcionarios y por los ciudadanos, por lo público y por lo privado.

El sindicato UGT es un sindicato de clase formado por trabajadoras y trabajadores, no tiene que ser un “aparato”, ni una empresa de seguros, ni un servicio. UGT, eres tú, sólo tú y tus ideas progresistas, y tus ideas sociales, y tus ideas humanitarias. ¡Adelante, da ese paso, lucha!.

Salud compañer@s


Sí, por qué no saludar así. ¿Por qué no decir lo que realmente somos y sentimos?. ¿Por qué perdernos en amb i g ü e d a d es p o l í t i c ame n t e correctas?. Somos un sindicato de clase y en este panfletillo que ahora ponemos en tus manos queremos transmitiros quienes somos, lo que hacemos y por qué lo hacemos.

Esta es la razón de ser de este trabajo que hoy empezamos.

Lo empezamos un grupo de compañeros desde un centro penitenciario, hábitat natural del funcionario de prisiones, con los recursos más garantistas: trabajo, voluntad e ideología, nada más, nada menos. Por tanto, no podemos presentaros maravillosas revistas a todo color en papel de primera calidad.

Ni tenemos dinero ni queremos el de promotores adinerados y emboscados.

Y el por qué lo hacemos debería de estar ya claro. Todos sabéis lo que nosotros somos, no lo ocultamos tras unas siglas inocuas, y estamos orgullosos de serlo. Por eso queremos compartirlo. Es así de sencillito, está así de clarito.

Sí queréis participar, si queréis conocernos, si queréis aproximaros a nosotros, tenéis el correo electrónico; si no romped el panfleto mientras os expresáis libremente. Por nuestra parte, para unos y para otros: ¡Salud, compañer@s!

 

miércoles, 18 de junio de 2014

El Rey, el Jefe del Estado y la madre que los pario

¡Cuánto se escribe, reescribe y vuelta a escribir! ¡Por favor!: cuanto listo hay en este país y cuanta peña que nos mete cada vez más en la mierda. Si, además, los disertadores sustituyen su apoyo académico con un larguísimo título universitario, ya es la hostia; se creen que hay que creérselo obligatoriamente. 

Lo que sí está demostrado es que «en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta». El debate monarquía versus república es algo absolutamente intrascendental. La monarquía es un anacronismo, que por su propia existencia desaparecerá salvo que asuma una utilidad novedosa, singular y práctica, que en principio no lo ha demostrado ante la sociedad. Luego, es un debate fútil. El tema, lo sencillo, está en quién y para qué existe la figura del Jefe de Estado. Es decir la estructuración de nuestra gobernanza, y eso es algo que ha de establecerse en la Constitución.

El artículo 92 de la constitución, que esgrime Izquierda Unida para promover un referendum, además de haberse utilizado con una interpretación un tanto atrevida, nos circunscribe a la figura del jefe del Estado. ¿Es ese nuestro problema?. Esgrime también la nula participación de los menores de cincuenta y cuatro años en la creación de esta figura, que ahora se ven comprometida con ella; ¡bien! ¿qué pasará con los menores de ciento ocho cuando proceda su planteamiento?

No me interesa el debate Monarquía vrs. República, me interesa el debate sobre la actualización constitucional. Modificación que será remendista si solamente se centra en la figura del Jefe del Estado. Creo que necesitamos un saneamiento en profundidad del texto de 1978, sereno, objetivo y conciliador; donde se hable de república, monarquía transitoria, o de la madre que los parió a todos; de revisión de la coexistencia de los tres poderes (por que no se pueden unir los poderes ejecutivo y legislativo); donde se hable de federalismo, autonomías o estado centralizado; donde se establezcan cauces de consulta a la ciudadanía, o sigamos con la manipulación representativa; dónde se hable de protección institucional de valores fundamentales, pero también de la forma prudente de actualizarlos.

Debemos de progresar, no quedarnos en banderas y mensajes, vuelvo a decir, anacrónicos. A quien le interesa que la bandera sea roja y gualda o tricolor; al final no son más que telas manchadas de sangre, pabellones de distintas voluntades impositivas a disidentes. A quien le importan las fronteras, nada más que a los señoritos que desde la Edad Media feudal atesoraban terrenos y pecheros, reconvertidos ahora en patriotas y tributarios garantistas de la ... bla, bla, bla, bla. 

¿Está el problema en la bolla que emerge, en la cadena que la une al fondo, o en el ancla que la sujeta?. Cambiemos el ancla, construyamos un Estado asentado en la ciudadanía y, seguro, que todos los anacronismos se caeran como bolas de plono encima de una nube.

Las reglas del juego hay que hacerlas para todos, no para clases privilegiadas. Esa es nuestra lucha, no perdernos en la mensajería populistas.

lunes, 16 de junio de 2014

Una por una es una ...


Dos por una, dos; dos por dos, cuatro… A mi lado la mujer recitaba, inconscientemente, la tabla de multiplicar con un soniquete lírico propio de aquella época. Era maestra y, claro, esas cosas ..., ya se sabe. Yo la miraba. Estábamos muy juntos en aquel gran, pero sobreocupado, ascensor de hospital público. 

Tres por dos, seis; tres por tres, nueve… Ella estaba postrada en la camilla que yo asía con mi mano. ¡Mi mano!, no sé si la tenía sucia, ni sé si la tenía limpia, no sé. Realmente no importaba, todo allí estaba sucio. Olía a orines no retenidos, quizás a heces, a sangre. Sangre encostrada en su cara, en sus brazos, en sus manos; en la sábana que la cubría, en el gurruño de ropa que a sus pies, alguien poco escrupuloso, o muy habituado, había dejado.

Cuatro por tres, doce; cuatro por cuatro, dieciséis... Alguien, no me acuerdo quien, me puso su mano en el hombro. Miré a no sé quien. El o ella miraba a la mujer con aire muy triste, muy preocupado. La mujer miraba, sin ver, al camillero, el camillero me miraba a mí. Círculo de miradas que encerraba todo un mundo. El único mundo existente.

Cinco por cuatro, veinte; cinco por cinco, veinticinco... Todo transcurría muy despacio. El ascensor no parecía llegar nunca, como si estuviésemos subiendo a un cuadragésimo piso en una ciudad cuya torre más alta, por aquel entonces, tenía treinta y siete. Quizás todos estuviésemos subiendo al cielo ese cielo en el que yo empezaba a dejar de creer. Momentos antes todo había sido completamente distinto, todo fue rapidez, velocidad. Encubiertos por la noche y por la lluvia, todo, semáforos, focos de coches, escaparates, pasaronn en estela. ¡Semáforos!. Semáforos en rojo obviados, ocultos tras la luces de la ambulancia, tras la alarma de la esperanza; esa que nunca se pierde pero siempre desaparece. De hospital en hospital. "Este hospital no le pertenece, no la podemos atender aquí, vayan a …"; "en este hospital no tenemos equipamiento suficiente vayan a …" Fuimos, y fuimos, y fuimos. A toda velocidad, en el coche, en las arterias de nuestro cuerpo, en nuestra mente, en nuestra angustia.

Seis por cinco, treinta; seis por seis, treinta y seis... La luz del ascensor era muy blanca, y el recubrimiento muy metálico, y la sábana muy blanca y la camilla muy metálica, y la bata del camillero muy blanca, tan blanca como la cara de aquella mujer, tan blanca como mi mente en aquel momento.

Siete por seis, cuarenta y dos; siete por siete cuarenta y nueve... ¿Existía una lógica?, ¿existía una razón?, ¿existían las probabilidades?, no, no existían. Tampoco existía Dios. Yo estaba solo en aquel ascensor, dudo incluso que estuviese la mujer, que olía ya a muerte. ¡Muerte!. La misma que un año antes había venido de visita a mi casa y se llevó al hombre. La muerte que volvía. La muerte siempre vuelve.

Ocho por ocho, sesenta y cuatro; ocho por nueve, setenta y dos... Me volví hacia mis recuerdos. Recuerdos de sonrisas, de besos, de abrazos; y de riñas, y de tirones de flequillo. Olor a colonia, a jazmín, a limpio; y a guisos, a fresas y castañas asadas. Ruido de tacones contra la acera y, como no, más de un piropo. Y lágrimas; sí, también lágrimas. Las mujeres son mucho de llorar. Recuerdos de una mujer aún viva, de mujer de los años sesenta.

Nueve por nueve, ochenta y uno; nueve por diez, noventa... Que distintos a los recuerdos de hombre; bromas, recomendaciones atrevidas, varoniles, competitivas. Ausencias, presencias y ausencias. Traje, de chaqueta y portafolios, de caza y arma bajo el brazo, seducción varonil. Olor a gasolina, a sangre o a colonia cara, ¡ah!, y por supuesto  a tabaco. Sí, Winston. "Bájate a por dos cajetillas hijo y cómprate un sobre de soldaditos, ¡anda!". También se sabe que los hombres somos mucho de hacer llorar. Recuerdos de hombre ya muerto.

Cien por una, cien... Suena un timbre, como un clarín, como una sirena, como una petardo. Las puertas del ascensor se abren. El camillero sin previo aviso empuja la camilla fuera y yo me siento impulsado por el brusco movimiento, por el brusco timbrazo, impelido hacia fuera del elevador, de mi propia abstracción. Me falta aire, me sobra miedo.  "De aquí no pueden pasar. Esperen aquí". "Adiós mamá. Te quiero". O quizás, no. Quizás no dije nada y mi silencio se perdió en la eternidad.

viernes, 9 de mayo de 2014

La vara de medir


Democracia es respeto. Respeto al otro, respeto a lo distinto e incluso a lo contrario, respeto a las normas del juego político y, por ende, respeto a los ciudadanos, objeto y fin de ese juego. Respeto a la igualdad, a la igualdad de oportunidades, igualdad ante la confrontación más importante que los políticos tienen, las urnas.

 Por ello existe un árbitro cuyas decisiones interpretativas de ley y reglamento, unas veces nos benefician y otras nos perjudican. Ese árbitro, la Junta Electoral, independientemente de sus funciones reglamentarias, es el espejo de la calidad democrática de los partidos políticos. Vara de medir a unos y otros en función, no de la norma que está para ser cumplida, sino del respeto que a esa figura se le tenga; al acatamiento de sus resoluciones.

Ciudadanos, si hoy os pasáis por la plaza del Ayuntamiento, veréis el tablón electoral con carteles informativos de las candidaturas a las elecciones europeas. Seguramente os extrañará ver un espacio sin esos carteles en los que, sobre el fondo blanco, se lee rotulado “PSOE”. Amigos, ese es el mejor cartel que hemos podido poner, lo hemos puesto para vosotros, pensando sólo en vosotros. Es el cartel del Partido Socialista Obrero Español que os habla de democracia, de respeto y de igualdad.

A las siete de la tarde de ayer, día 8, recibimos una nota del Partido Socialista de Madrid, en la que se nos trasmitía la decisión de la Junta Electoral de negarnos el permiso para la colocación de carteles. En reunión extraordinaria de la Comisión Ejecutiva de los socialistas villaodonenses, decidimos, como no podía ser de otra forma, respetar y obedecer al órgano democrático electoral. Por eso hoy veis ese blanco, más inmaculado que nunca, que es el blanco de la democracia por la que los socialistas lucharan siempre.

Otro partido del pueblo recibió la misma comunicación de la Junta Electoral en los mismos términos, ellos no obedecieron, impusieron su propaganda a su concepción democrática, por eso su cartel no es blanco.

Ciudadanos, vamos a Europa con la camisa blanca y la cabeza erguida.